1 de febrero de 2016

LA MESA DE LA PAZ

Hace un tiempo que sigo a Bei de Tigriteando, un blog en el que nos habla desde su más profunda experiencia sobre el método Montessori, o la filosofía de vida Montessori, como a mi me gusta llamarla.

Como en todo, los extremos son malos, y me ha gustado mucho la forma en que Bei nos da herramientas para implantar esta filosofía en casa. Sin prisa, siempre recomendando que sigamos a los niños, que los observemos y nos movamos como ellos para ver lo que realmente necesitan.

Durante la semana de la Paz, nos mostró varias técnicas de relajación para nuestros hijos y, por qué no, para nosotros los mayores también. Está claro que con el ejemplo es con lo que mejor se enseña, así que no dudamos ni un segundo en implantar nuestra Mesa de la Paz en casa.


Es un rincón mágico donde poder relajarnos cuando nos enfadamos. Nos permite calmar nuestra ira y pensar en cómo podemos cambiar ese estado de ánimo. Ayuda a comprender y razonar lo sucedido y así aprender a controlarlo en un futuro. 

Gerard ya detecta fácilmente su estado de ira y sin necesidad de que nosotros le ofreciésemos un lugar, él mismo se iba a su habitación con un libro entre manos para relajarse; aunque ayer en un momento de enfado en el que gritaba, le ofrecí tumbarse junto a la mesa de la Paz y le sirvió para relajarse. Todo un éxito que a él también le gustó sentir.

Xavi empieza a presentar momentos de frustración muy muy persistentes, y he pensado que si nos ve a nosotros calmarnos en un lugar específico, con un libro o un juego que nos gusta, sin gritos y sin lloros, sin imponer, él por asociación acabará haciendo lo mismo. Y llegará un momento en el que simplemente detecte su estado de ánimo y utilice ese lugar para calmarse sin necesidad de ofrecérselo, o buscará el suyo propio como hace Gerard.


No es una imposición, es un ofrecimiento. Ofrecemos al niñ@ ese lugar para calmarse, al igual que nos sirve a nosotros para poder permitirnos respirar antes del estallido. Nunca hemos implantado un rincón o silla de pensar, creemos que la acaban usando por imposición y no por el beneficio de la calma. Hemos leído sobre la técnica del "fuera de juego" y la verdad que a nosotros no nos ha funcionado. Servía para desconectar de nuestro hijo y volver a conectar con él era difícil al sentirse desplazado por un comportamiento erróneo. ¿Quién no se equivoca?

Las diferencias entre la silla de pensar y la mesa de la paz por Bei.

La verdad que estoy muy contenta, tenemos este bonito rincón desde hace tres días y ya nos ha servido de mucho. Así que seguro que cambia de forma pero no de lugar ni de propósito


Podéis encontrar más información sobre la filosofía Montessori y cómo implantar la mesa de la Paz en el blog de Bei, aquí. Os aseguro que una vez empecéis no podréis parar. 

Yo no soy una entendida en el tema, la verdad que me estoy iniciando, pero a quién no le gusta que le hablen con respeto, que les muestren amor, que le dejen hacer cosas por ellos mismos, aunque derramen un poco de agua, aunque se les caiga el vaso al suelo, aunque se equivoquen... Lo único malo de equivocarse es que se aprende a que ese camino no era el correcto, pero quién ha dicho que no se pueda volver bajo los pasos ya recorridos y volver a intentarlo por otro camino? 

¡¡Feliz Lunes!!

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